La “mecanización del agro”

Pregunta 6: ¿Dónde y en qué medida debe  mecanizarse el manejo de la tierra en Bolivia?

Las recientes noticias sobre la intención del gobierno nacional de utilizar 2.000 millones de dólares de la reservas monetarias internacionales en proyectos industriales para “demostrar al mundo” que el Presidente prioriza políticas en el tema de alimentos para garantizar la seguridad alimentaria (Agencia Boliviana de Información, ABI 238703 2011-04-26 18:45:12) deja planteada la duda en la forma en la cual esos fondos serán invertidos.  Sin duda alguna, una buena parte estará destinada a la “mecanización del agro”, tema también tratado en el libro del Dr. Ellenberg (Preg6_Mecanizacion).  El hecho es que la mecanización no está mal, siempre y cuando esté acompañada, como se menciona más abajo que esté orientada a mejorar la productividad y mantener el suelo.

Se entiende por mecanización agrícola el proceso que consulta la incorporación de las máquinas en la agricultura, con un mayor o menor, con el objetivo de mejorar la productividad.

Una mecanización apropiada significa la introducción de maquinaria y normas de manejo adecuados a la capacidad técnica y administrativa de los agricultores.

La mecanización apropiada para cero labranza deberá tener como objetivo principal el conservar el suelo con el mínimo costo.  Esto significa:

–          Obtención de una cama de semilla mínima, que puede ser de inferior calidad a la obtenida mediante métodos convencionales, pero permanece en todo el ciclo productivo

–          Mejor retención del agua en el suelo; la evapotranspiración se reduce mediante el “mulch” (manto superficial de residuos)

–          Controla la erosión tanto eólica como hídrica; los residuos en la superficie evitan el impacto directo de la lluvia, reducen escurrimiento e impiden la acción directa del viento

–          La siembra se efectúa en el momento oportuno, ahorrando tiempo se puede sembrar una mayor extensión.

Por eso se recomienda un aumento de la mecanización solo en suelo profundos y aproximadamente horizontales, donde por otro lado, se justifica una intensificación de los cultivos.

Por supuesto, y como está recomendado, en donde no es factible la aplicación de la mecanización se debe continuar usando la tecnología tradicional, como el uso de  la taclla y otros instrumentos cuyo uso está más que ampliamente probado.

Litografía sobre el uso de la taclla

Cobertura de prensa sobre el Día de la Tierra

22 de abril – Día de la Tierra

Como era de esperar … otro Día de la Tierra sin pena ni gloria.  Más allá de “actos” no hubieron acciones.  Un poco de la cobertura de los medios de prensa a este día:

http://www.paginasiete.bo/2011-04-22/Gente/NoticiaPrincipal/20-2100000222.aspx

http://www.eldeber.com.bo/2011/2011-04-21/vernotanacional.php?id=110421001252

http://www.eldeber.com.bo/vernotanacional.php?id=100422224651

http://www.la-razon.com/version.php?ArticleId=129169&EditionId=2507

Bueno, así fue … un poco …

Día de la Tierra!

Bolivia: feliz Día de la Tierra! …

¿Pero a quién felicitamos en este día? … Felicitamos a la Madre Tierra?, tan noble, tan grande que TODOS los días no regala vida, inspiración, belleza, agua, comida, techo … Nos felicitamos nosotros? … ummm … veamos cómo lo estamos haciendo …

La Huella Ecológica expresa el uso de las áreas bioproductivas, y el consumo de energía y recursos renovables en unidades estandarizadas llamadas “hectáreas globales” … bueno, está complicado, entonces para entender mejor … previamente un glosario:

Huella ecológica: una medida de cuanta tierra y agua productiva un individuo, una población o una actividad requiere para producir todos los recursos que consume y absorber los desechos que genera usando la tecnología y las prácticas de manejo de recursos prevalecientes.  Esta demanda sobre la biosfera puede ser comparada con la biocapacidad.  La huella ecológica se mide usualmente en hectáreas globales.

Biocapacidad: la capacidad de los ecosistemas de producir efectivamente el material biológico y de absorber los desechos materiales producidos por los humanos, usando los esquemas de manejo y tecnologías de extracción actuales.   La biocapacidad se mide también en hectáreas globales.  El Análisis de la Huella Ecológica es una medida de la demanda humana de biocapacidad.

Hectárea global: una superficie productiva ponderada que es usada para reportar tanto la biocapacidad, como la demanda.  La hectárea global es normalizada a una superficie productiva ponderada promedio de tierra y agua biológicamente productiva.  Las hectáreas globales permiten que los resultados de la Huella Ecológica puedan ser comparados globalmente.

Entocnes, la comparación de Biocapacidad y Huella Ecológica revela si el capital natural es suficiente para soportar los patrones de consumo y producción.  Si una región (o país) tiene una Huella Ecológica que excede su Biocapacidad alcanza lo que podría llamarse un “déficit ecológico”, o sea si su Huella es mayor que su Biocapacidad, ya que ambas están medidas en las mismas unidades (las hectáreas globales).

Ahora si … (espero)

Los recientes resultados de los cálculos de la Huella Ecológica realizados por la Red Global de la Huella Ecológica muestran, como es de esperarse, que la Biocapacidad y la Huella Ecológica no están distribuidas uniformemente en el planeta.  En 2005 (si es  la última vez que se hizo a escala global, y desde entonces las cosas van en peor), la Huella Ecológica a nivel global era de 17,5 billones de hectáreas globales; considerando una población de 6,5 billones de personas, la Huella Ecológica promedio por persona era de 2,7 hectáreas globales; pero existía una Biocapacidad de sólo 13,6 billones de hectáreas globales en ese mismo año (2,1 hag/persona), por lo tanto, a nivel global un déficit ecológico de 3,9 billones de hectáreas globales.  Como referencia, para comparaciones regionales, en Latinoamérica se ha estimado 2,71 y 4,80 hectáreas globales/persona para la Huella Ecológica y la Biocapacidad respectivamente.  Esto significa que como sociedad global hemos sobrepasado la CAPACIDAD de la Tierra de sostenernos.

Fuente: Linving planet report 2010 – WWF

Las evaluaciones realizadas han conducido a concluir que actualmente ya estamos usando (como sociedad global) más de lo que la biosfera tiene como capacidad de generar y reciclar.  Comparando la provisión con la demanda, la Huella Ecológica de la humanidad excede la biocapacidad de la Tierra por cerca del  30% (2,7 hag-2,1 hga = 0,4).  En otras palabras, toma cerca de un año y dos meses regenerar y reciclar lo que la humanidad ha consumido y desechado en un año.  La demanda global por encima de la oferta comenzó solo recientemente, a finales de los 1970.  Por ejemplo, en 1961 tomaba solo 0,7 años para regenerar y reciclar lo que era consumido en un año.

En el caso de Bolivia, la Huella ecológica es de 2,6 hectáreas globales, mientras que su biocapacidad es de 18,8 hectáreas globales, convirtiendo a Bolivia en uno de los países con mayores “reservas” per capita en el mundo.  Sin embargo, como se nota en los gráficos, pese a que nuestra Huella Ecológica a crecido poco, nuestra Biocapacidad se ha deteriorado rápidamente.


Fuente: Red Global de la Huella Ecológica, 2010

Comparado con los países de la CAN, nuestros vecinos, podemos ver que la situación es mejor, aunque en los casos de Perú, Ecuador y Colombia, el deterioro de la Biocapacidad no ha sido tan acelerado.

Además, el cálculo de la huella ecológica no toma en cuenta:

a)      La inclusión de todas las áreas de tierra, de forma de que la elección de “las áreas sin fines productivos” nno sea subjetiva.

b)      La inclusión del cambio de uso del suelo

c)      La contabilización de las emisiones de GEI provocadas por cambio de uso del suelo.

d)     La inclusión de la biodiversidad y su estado, pues no está incluida al no estar “directamente” relacionada con el consumo y la producción.

Si lo anterior estuviera incluido, posiblemente la situación sería más crítica y nuestra posición –como país con un amplio “capital” ambiental- no sería la misma … que tal? … a quién felicitamos? …

Heladas y granizo

Pregunta 5: ¿Sería posible proteger los cultivos de cereales, frutas y hortalizas contra los granizos y las heladas?

El garantizar nuestra seguridad alimentaria no solo pasa por ampliar la producción agrícola, por supuesto la ampliación parece ser necesaria, sin embargo, aspectos clave como la elección correcta del terreno de cultivo puede ser crucial a la hora de evitar los impactos de las heladas.

Como la pregunta del libro menciona (Preg5_Granizo&Heladas), contra el granizo es poco lo que se puede hacer, aunque la selección del tipo de cultivo en zonas con frecuentes granizadas es importante.  Contra las heladas, la estrategia más apropiada parece ser la selección del terreno, siguiendo las recomendaciones del capítulo –que están basadas en el conocimiento tradicional y la experiencia- se pueden evitar los daños por heladas.

Cada año, y el invierno se acerca, las noticias referentes a los daños provocados por las heladas (por ej. http://www.ops.org.bo/servicios/?DB=B&S11=20350&SE=SN; http://www.fmbolivia.com.bo/noticia17663-heladas-y-sequia-afectan-al-66-de-produccion-agricola-en-oruro.html) son comunes, más aún si –como está previsto- las temperaturas promedio en el invierno serán aún menores por los efectos del cambio climático.  El mapa adjunto muestra que la frecuencia de heladas (número de días con heladas/año) es muy alta en gran parte del Altiplano.

De acuerdo a un informe del Programa Nacional de Cambios Climáticos, “El ALTIPLANO debe prepararse para más heladas, tormentas, inundaciones y granizos, con sus respetivos y nefastos efectos sobre los cultivos. También crecerán las necesidades de agua para riego y la competencia para el acceso al líquido elemental, puesto que las precipitaciones irán concentrándose en menos días, ocasionando también problemas con la generación de energía. Se prevé un problema de desertización en áreas altiplánicas y de las cordilleras occidental y oriental”.

Tomando en cuenta lo anterior, a fin de transformar al país en un productor de alimentos, y a fin de garantizar nuestra seguridad alimentaria –lo que debería ser la prioridad- el fomento de la producción debe tomar en cuenta los efectos anuales (y en incremento por el cambio climático) de la frecuencia y ocurrencia de heladas.  Viendo el mapa resulta evidente que la estrategia debe ser amplia.

Otra vez, 30 años después, las sugerencias dadas por el Dr. Ellenberg siguen estando bajo contexto, y ahora –con la adaptación al cambio climático- lo es más aún.

Sistemas de riego

Pregunta 4: ¿Dónde y con qué fin deberían ampliarse o construirse nuevos sistemas de riego en Bolivia y con qué prioridades?

La reciente y creciente crisis alimentaria demanda que usemos los terrenos agropecuarios de manera más intensiva y óptima, adicionalmente a la calidad del suelo, el otro factor limitante es la disponibilidad de agua.  Un adecuado abastecimiento de alimentos pasa por una serie de factores que necesariamente tienen que tomar en cuenta la necesidad de contar con sistemas de riego, ya que como Ellenberg menciona en la cuarta pregunta del libro (Preg4_SistemasDeRiego), “como meta futura de largo plazo, sería ideal, en lo posible, mucha agua para los cultivos y campos de pastoreo permanente.  Esto aportaría considerablemente a mejorar las fuentes de alimentación, debido a que en gran parte de Bolivia, durante 6 o más meses, el clima es demasiado seco para una producción óptima de plantas”.

“Los sistemas de riego se justifican sobretodo en suelos profundos y poco inclinados, en los valles cálidos de los Andes y en suelos similares a las zonas bajas del Este que son secas en el invierno.  En el Altiplano los sistemas de riego deberían servir para producir pastos permanentes, así como para la germinación de cultivos como papa, cebolla, haba, tarwi”.

“El máximo rendimientos obtenible por la instalación de sistemas de riego se debe esperar en aquellos lugares donde el suelo es poco profundo y fértil, pero que periódicamente carece de suficiente agua y donde las temperaturas permitan un cultivo intensivo de plantas”.

Sin duda, el tema del riego es UN tema.  En este momento, cuando el Gobierno Nacional está en proceso de apoyar una serie de proyectos de riego (http://www.fmbolivia.tv/2011/03/evo-morales-dara-us-26-millones-para-proyectos-de-riego-en-la-paz/; http://www.fmbolivia.com.bo/noticia25921-garantizan-us-30-millones-para-proyectos-de-riego-en-cochabamba.html) y cuando cuenta con un Servicio Nacional de Riego (http://www.senari.gob.bo) resulta saludable e importante pensar en que una adecuada planificación de los sistemas de riego es necesaria, así como  …

A manera informativa, el documento de proyecto del Servicio Nacional de Riego (http://idbdocs.iadb.org/wsdocs/getdocument.aspx?docnum=1386686) reporta que:

–          El Programa Nacional de Riego (PRONAR), financiado  por el BID y la GTZ entre los años 1996 a 2005, apoyó la implementación de 158 proyectos de riego con la incorporación de infraestructura hidráulica, provocando cambios que mejoraron fundamentalmente la producción y la productividad, así como la gestión social de los regantes.

–          En el año 2003 se realizó un estudio de evaluación de 27 proyectos y sistemas de riego mejorados en Bolivia (20 de ellos ejecutados con fondos BID-PRONAR y 7 con fondos de otras fuentes de financiamiento); con el objetivo de conocer los efectos de las inversiones en la producción, infraestructura, tecnología productiva, de gestión y ambiental. Dicha evaluación concluye que las inversiones ejecutadas generan beneficios económicos sostenibles para los usuarios ya que incrementan sus ingresos y nivel de ocupación.

–          Gobierno de Bolivia, actualmente pretende implementar el Plan Nacional de Desarrollo del Riego cuyas metas para el periodo 2007-2011 son incrementar  40.000 ha bajo riego con sistemas autogestionarios y sostenibles que beneficiarán a 30.000 familias de agricultores. El Plan ha sido desarrollado para el periodo 2007 – 2030 para incrementar el área regada en 275.000 ha.  (En 1999 contábamos con algo más de 128.000 ha bajo riego, según un estudio de la FAO).

Este plan está acompañado de los incentivos legales pertinentes a través la Ley 2878 de Promoción y Apoyo a la Producción Agropecuaria y Forestal, más conocida como Ley de Riego, y sus tres Decretos Supremos Reglamentarios, junto a la Política y el Plan Nacional de Riego. Es importante emprender un proceso de apoyo al proceso de aplicación de las mencionadas normas, enfatizando la institucionalización de los órganos competentes de planificación, promoción del riego y otorgación de derechos de agua para actividades de riego particularmente para pequeños productores campesinos-indígenas agropecuarios y forestales.

El adecuado uso del agua y los efectos previstos del cambio climático deben formar parte adicional de los planes para riego, así como una apropiada protección y manejo de las fuentes de donde el agua proviene.

Una vez más, el libro ya identificaba como urgente la necesidad de contar con sistemas de riego apropiados, tal parece que 30 años más tarde, por fin nos hemos “puesto las pilas”.