El cambio está en uno

Columna verde publicada en La Razón, el 31 de diciembre de 2013

http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/cambio_0_1970802968.html

Otro año se acaba, los problemas ambientales, nuestros problemas, persisten aún, en algo avanzamos, en otros temas retrocedemos. Esto es una realidad desde los problemas ambientales más comunes, como la basura tirada en la calle, hasta los más complejos, como el cambio climático. El fin de año siempre exacerba nuestro espíritu de consumo, de compra, de tener; y deja de lado, muchas veces, esa conciencia ambiental que todos deberíamos tener y bajo cuyo principio deberíamos buscar satisfacer nuestras necesidades básicas, y no aquellas que nos hacen creer como importantes y necesarias. Debemos partir reconociendo que el “crecimiento”, para que sea sustentable, debe tener en cuenta los límites ecológicos de las regiones donde vivimos; la vía del desarrollo sustentable es aquella donde reconozcamos que nuestra supervivencia no depende del crecimiento, y se debe basar en vivir bien dentro de los límites ecológicos del planeta, donde prime la calidad de vida y no el nivel de vida.

Lo complicado está en saber reconocer cuáles son las necesidades de una sociedad y qué necesidades se pueden cubrir dentro de los límites del planeta; y para esto necesitamos conocer mejor cuáles son esas necesidades y cuál es la capacidad que el planeta tiene para sostenerlas. Por supuesto ese reconocimiento no es suficiente, con ese conocimiento se debe tomar acciones para ir más allá del dogma de que el crecimiento es la única base para la sociedad, pues sin él no hay empleo, sin empleo no hay salarios, sin salarios no hay consumo y sin consumo no hay producción y, por tanto, no hay más crecimiento. Sin embargo, reconociendo estas necesidades, las de la sociedad, y las capacidades, las del ecosistema, podremos lograr esa vía de desarrollo sustentable.

Ahora bien, dicen que hacer eso es comenzar de cero; pues no, nunca se empieza de cero. Siempre se empieza desde la sociedad en la que uno está. En este caso, una que ni es justa ni es sostenible. A partir de esto hay que reconstruirla. ¿Cómo hacerlo?… Primero hay que cambiar individualmente, sino difícilmente se podrá ser coherente con uno mismo y exigirle a nadie que cambie nada. Pero esto por sí solo no es suficiente. También hace falta un cambio colectivo, que luego derive en el cambio en las instituciones; pero el cambio debe comenzar desde abajo y encontrar afinidades con instituciones que brinden un marco para lograrlo. Es muy importante tener esto en cuenta, pues al igual que un cambio de mentalidad puede cambiar la estructura, un cambio de estructura también puede cambiar la mentalidad.

El año se cierra con los mismos desafíos ambientales; sin embargo, el desafío principal, que cada uno de nosotros cambie, es quizás el más importante si queremos seguir viviendo y compartiendo la vida en nuestras regiones y en nuestro planeta.

Crónica de una muerte anunciada

Columna verde publicada en La Razón, el 19 de noviembre de 2013

http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Muerte-anunciada_0_1946205366.html

Como estaba previsto, una nueva versión de la Reunión de las Partes del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (UNFCCC) está transcurriendo sin pena ni gloria. Más allá de algunas notas de prensa de periodistas que están en Polonia, nuestra prensa refleja más nuestros asuntos políticos o las razones por la que Miss Bolivia no pasó de ronda o muchas otras cosas. Y es que el problema del cambio climático no parece ser nuestro problema, así como no lo es para el resto del mundo, que aún sigue sin ponerse de acuerdo sobre cómo mitigar el devastador efecto de nuestro modo de vida.

Esta COP, como se llama a esta reunión por sus siglas en inglés, pasará sin pena ni gloria, y los representantes de los países realizarán un esfuerzo hacia el fin de esta semana para lograr algún tipo de resultado que sea una señal al mundo de que aparentemente sí es nuestro problema, un problema de todos.

Claro, si viviéramos en Filipinas otro sería el discurso, quizás estaríamos más conscientes de que el planeta, su clima, sus ciclos están cambiando; pero no… Aquí en Bolivia no hemos tenido ese tipo de desastres aún, o las sequías e inundaciones son vistas como un desastre no relacionado con el calentamiento global, o más aún… “no es nuestro problema”.

Bolivia ha trazado una agenda compleja para esta reunión con temas que se relacionan con mitigación, adaptación, bosques, financiamiento, transferencia de tecnología, consolidación del marco institucional construido para apoyar a países en desarrollo, creación de un mecanismo internacional de daños y pérdidas, consolidación de una ventana de financiamiento para el mecanismo conjunto de mitigación y adaptación en la  gestión de bosques, fortalecimiento de los enfoques que no están basados en los mercados y establecimiento  de un instrumento legal que garantice el cumplimiento de las obligaciones de los países desarrollados en cuanto a la realización de acciones efectivas de reducción de emisiones con compromisos cuantificados.

Esta agenda compleja debe negociarse en estas instancias, que ya desde principio de año fue desahuciada por su misma Secretaria Ejecutiva. Es que no es nuestro problema, claro, sí lo será cuando vivamos en un planeta con 4ºC más, y en donde el costo de la no-acción sea tan alto que recordemos que desde años atrás venimos prediciendo la crónica de una muerte anunciada.

Se hacen humo

Columna verde publicada en La Razón, el 13 de agosto de 2013

http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/hacen-humo_0_1887411248.html

Los resultados del monitoreo sobre las quemas e incendios forestales ocurridos en Bolivia en los últimos 13 años, efectuado por la Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN), han evidenciado un total de 24,5 millones de hectáreas sujetas a quemas e incendios, de las cuales el 19% (4,6 millones de hectáreas) corresponde a incendios forestales, y el restante 81% corresponde a no bosque, con 19,8 millones de hectáreas.

El patrón espacial de las áreas quemadas es diferente cada año. En 2011, la mayor cantidad de áreas quemadas se concentraron hacia el norte del departamento de Santa Cruz y gran parte del Beni. En 2012, las áreas quemadas se concentraron en el sureste de Santa Cruz, el municipio de Ixiamas en el departamento de La Paz, y el de Exaltación, en el Beni. En 2012, 217.000 hectáreas de bosque y cerca de 1,2 millones de hectáreas de áreas previamente afectadas fueron quemadas.  A lo largo de los últimos 12 años, 5,5 millones de hectáreas, equivalentes al 43% del total de áreas quemadas, se quemaron una sola vez, lo que nos muestra la creciente demanda de conversión de bosques a otros usos agropecuarios.

Estamos en las puertas de una nueva época de chaqueo y quemas, con el ingrediente adicional de que ahora, con el pretexto de la seguridad alimentaria y la revolución productiva, pretendemos ampliar la frontera agrícola hasta 14 millones de hectáreas. Esta habilitación usará seguramente el fuego en muchos casos, lo que además de provocar la pérdida de bosque por la deforestación, incrementará significativamente el riesgo de incendios forestales degradando los bosques.

Estudios realizados en Brasil sugieren que bosques sometidos a quemas repetidas por cinco a seis años consecutivos pierden significativamente su funcionalidad, reduciendo su posibilidad de brindar bienes y servicios ambientales a quienes viven en su cercanía, por lo que el daño colateral provocado por la habilitación de tierras podría ser mucho más dañino aún que la misma deforestación cuando conocemos las cifras de bosques que cada año se incendian.

Una nueva época de incendios comienza, nuestra responsabilidad ambiental una vez más está en juego, lamentablemente con discursos contradictorios, con actores pensando distinto, sin una política ambiental y productiva clara, nuestros bosques están en riesgo, una vez más, literalmente se harán humo. Preparémonos, una vez más estará en nuestra puerta.

Desafío ambiental

Columna verde publicada en La Razón, el 4 de junio de 2013

http://www.la-razon.com/opinion/columnistas/Desafio-ambiental_0_1845415443.html

 

El reciente anuncio sobre la intención de facilitar la exploración de hidrocarburos en áreas protegidas ha reiniciado un debate que nos conduce a la tensión existente entre las necesidades de desarrollo y las necesidades de mantenimiento de nuestro patrimonio natural. La ecología nos enseña que los sistemas naturales no son estáticos, es decir que no están en un equilibrio permanente, sino que más bien, los sistemas naturales están en variación constante, adaptándose a los cambios que el clima, los suelos, y últimamente los seres humanos provocamos. Las áreas protegidas son los “órganos vitales” en esos sistemas naturales, cumplen múltiples funciones y brindan una variedad de servicios a quienes habitan en ellas, alrededor de ellas y al planeta en su conjunto. En este sentido, operar un órgano vital, digamos el corazón, no es lo mismo que una cirugía menor, digamos el apéndice.

A pesar de que en ambos casos la cirugía tiene sus riesgos, debemos convenir que una cirugía en el corazón requiere de más preparación y experticia que en el apéndice. De este modo, el plantear cualquier actividad humana que podría tener un impacto sobre los sistemas naturales requiere de preparación y experticia, y más aún si se trata de hacerlo al interior de las áreas protegidas, cuya existencia y razón de ser están descritas en la Constitución Política del Estado.  La Ley 300, Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien brinda el marco general para tratar de integrar la necesidad de desarrollo y preservación de la naturaleza. Si demandamos su cumplimiento, nos encontramos ante el gran desafío ambiental de proponer acciones de exploración, y posible explotación de hidrocarburos, que como la mencionada ley propone sean realizadas con “las tecnologías más adecuadas y limpias con el objetivo de reducir al máximo los daños ambientales y sociales”.

El desafío ambiental que esto significa es grande. El plantear una actividad que puede generar un gran impacto, de tal manera que la variación constante de los sistemas naturales les permita absorber ese impacto, y continuar funcionando de una manera apropiada es grande. La tecnología existe, las capacidades a nivel nacional existen, depende de nosotros demandar que lo que la Ley 300 y la Ley 71, de Derechos de la Madre Tierra, proponen sea cumplido. Podemos hacerlo desde un lado fundamentalista, o podemos hacerlo desde un lado propositivo, en busca de maximizar la capacidad de regeneración de la naturaleza aplicando siempre el principio precautorio, que nos obliga a prevenir cualquier impacto alegando la falta de conocimiento o de recursos. El desafío está planteado, ¿tendremos la capacidad y altura de responder a él?

Biodiversidad: ¿por qué es importante? – Round 2

La importancia de la biodiversidad para la humanidad fue reconocida globalmente hace más de 20 años con la firma de la Convención sobre la Diversidad Biológica (http://www.cbd.int/convention/), un acuerdo intergubernamental que fue reconocido por 193 países y firmado por 168 de éstos.  Pese al acuerdo firmado las metas de conservación de la biodiversidad fijadas para el 2010 no fueron alcanzadas en su gran mayoría.  Esta falta de logros se reflejó en un nuevo grupo de metas, conocidas como las metas de Aichi para la diversidad biológica (http://www.cbd.int/sp/targets/), a ser alcanzadas el 2020.  Estos últimos 20 años se han hecho una serie de esfuerzos para entender la relación entre la pérdida de biodiversidad y el bienestar humano, mucho se ha avanzado en investigación al respecto.  En el artículo publicado en Nature, en junio de 2012, “Biodiversity loss and its impact on humanity”, elaborador por B. Cardinale y 16 colaboradores se presenta una revisión de estas dos décadas de investigación.

Sus resultados son presentados a manera de “consensos” y “tendencias”, y constituyen los temas centrales sobre la relación entre la pérdida de biodiversidad y el bienestar humano.

Declaración de consenso # 1

Existe inequívoca evidencia actualmente de que la pérdida de biodiversidad reduce la eficiencia con la cual las comunidades ecológicas capturas recursos biológicos esenciales, producen biomasa, descomponen y reciclan nutrientes biológicos esenciales.

Declaración de consenso # 2

Hay cada vez más evidencia de que la biodiversidad incrementa la estabilidad de las funciones ecosistémicas a lo largo del tiempo.

Declaración de consenso # 3

El impacto de la biodiversidad en todo proceso ecosistema único es no lineal y saturante, de modo que el cambio se acelera cuando la pérdida de biodiversidad aumenta

 Declaración de consenso # 4

Comunidades diversas son más productivas por contienen especies clave que tienen una gran influencia sobre la productividad, y diferencias en rasgos funcionales entre organismos incrementan la captura de recursos.

Declaración de consenso # 5

Pérdidas de biodiversidad a lo largo de niveles tróficos tienen el potencial de influenciar la función de los ecosistemas más fuertemente que la pérdida en un mismo nivel.

Declaración de consenso # 6

Los rasgos funcionales de los organismos tienen grandes impactos en la magnitud de la función de los ecosistemas, que dan lugar a una amplia variedad de impactos posibles de la extinción en el funcionamiento de los ecosistemas.

Hasta aquí las ideas en las que en la revisión hay un consenso general entre quienes investigan la relación pérdida de biodiversidad – funciones ecosistémicas – servicios ecosistémicos.  Junto a estos consensos, éstas son las tendencias emergentes que pueden cambiar la forma en la que vemos las consecuencias funcionales de la pérdida de biodiversidad.

Tendencia emergente # 1

Los impactos en la pérdida de la biodiversidad en los procesos ecológicos podrían ser lo suficientemente amplios como otros factores causales de cambio ambiental (cambio climático, por ejmplo)

 Tendencia emergente # 2

Los efectos de la biodiversidad son mayores con el tiempo, y pueden incrementarse a escalas mayores.

 Tendencia emergente # 3

Mantener múltiples procesos ecológicos en múltiples lugares y tiempos requiere de más altos niveles de biodiversidad que cuando se quiere mantener un proceso único en un único lugar y tiempo.

 Tendencia emergente # 4

Las consecuencias ecológicas de la pérdida de la biodiversidad pueden predecirse por la historia de la evolución.

Estos puntos junto a una de mis primera entradas https://desarrollarsindestruir.wordpress.com/2011/05/20/por-que-es-importante

Siguen probando que la biodiversidad es lo hace que el motor de la vida funcione en el planeta Tierra, y que Bolivia como un país rico en diversidad biológica tiene la gran oportunidad de brindar a sus habitantes un bienestar “envidiable”.